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Frituritas de malanga

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Frituritas de malanga

En Cuba es muy común oír hablar de las frituritas de malanga. No son las únicas, hemos incursionado también en las frituras de yuca, de maíz, de boniato, de calabaza… Pero sin duda alguna, el tubérculo más popular, no sé si se deba a su rico sabor o a sus propiedades digestivas, es la malanga. Acompañar cualquier plato con unas ricas frituras de malanga es la vida misma, aunque también es muy frecuente degustarlas como entrantes y aderezadas con miel o con una salsa.

Frituritas de malanga

Sin más, veamos cómo se preparan.

Ingredientes

-Malangas

-Huevo

-Sal y pimienta al gusto

-Perejil fresco o en polvo

-Ajo

-Cebolla

Modo de preparación

No soy muy seguidora de las unidades de medida, ni respeto mucho las porciones, por eso nunca sigo las recetas al pie de la letra. Esta es una virtud –o un defectillo– heredado por mi abuela. Nuestras abuelas nos enseñaban las recetas por poquitos, o por pizcas, y así fuimos aprendiendo a usar cualquier jarro o cucharita para medir. Así que en lo próximo no me verán hablándoles de medidas, cantidades exactas, etc., sino de apreciación y creatividad. Prefiero adaptar las recetas a mi gusto y hacer que sobresalgan ciertos sabores sobre otros. Por ejemplo, en varios libros he encontrado que se utilizan dos huevos; la verdad es que prefiero usar solo uno para evitar que las frituras queden demasiado líquidas. Aunque si esto te ocurriese, puedes echar una o dos cucharaditas de harina y la masa recuperará su constistencia.

La receta tradicional indica rallar la malanga con el guayo –utensilio de cocina empleado para deshacer un alimento raspándolo o frotándolo contra su superficie– y agregarle luego el huevo, la pizca de sal, la cebolla, el perejil y el ajo. Se mezclan bien todos los ingredientes y se prueba de sal.

Al freírlas, es importante que el aceite esté bien caliente, pues de lo contrario estas pueden desahacerse o la grasa puede penetrarlas demasiado.

Recuerda que si no consigues la textura que deseas puedes agregarle una cucharada de harina de trigo e ir revolviendo la mezcla hasta lograr la consistencia que buscas. Y luego ¡a freír! Llenas una cucharita de postre con la masa y la viertes en el aceite hirviendo; las volteas una vez que se tornen doradas.

Si te ha sobrado masa para el día siguiente, puedes guardarla en tu refrigerador, pero es importante que las cubras con una tapa, pues podrían cambiar la coloración.

¡Listo! ¡Es muy simple! ¡Ahora prueba tú!

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