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Una nueva pasión por el cafe

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Una nueva pasión por el cafe

Escribo sobre un vicio que recientemente adquirí. Es raro, a mi alrededor todos toman café, especialmente mis amigos, y llego a experimentar mi afición por esta bebida hace poco más de un año. Creo que ni las largas madrugadas de estudio, ni las conversaciones hasta el amanecer hicieron que sucumbiera. Y si ahora tuviera que decir cómo fue, no sabría, quizás fue su aroma, pero lo cierto es que el café se ha vuelto una parte importante de mi vida diaria.

Una nueva pasión por el cafe

Hace ya algún tiempo, leí una frase que decía algo así como “El café, para ser bueno, debe ser negro como la noche, dulce como el amor y caliente como el infierno”. Bakinin me hizo replantear mi modo de tomar el café, pues mis primeras incursiones fueron un sacrilegio, ahora que me pongo a pensar. No le echaba ni un grano de azúcar, y además esperaba a que se refrescara un poco porque no resisto las temperaturas demasiado altas. Pero mis visitas a los cafés de la ciudad se han hecho demasiado frecuentes, y sinceramente no hay como un buen café caliente con el punto exacto de azúcar. Además, descubrí que su consumo –moderado– tiene muchísimos efectos positivos para algunos problemas de salud como el asma, la jaqueca, la digestión, la fecundidad masculina, la resistencia física, la memoria, y sin duda, el buen humor.

En Cuba es una bebida típica, aunque cuesta pensar que no es oriundo de la Isla, sino importado por los franceses a finales del siglo XVIII, tras la revolución antiesclavista que tuvo lugar en Haití. Todavía hoy existen las viejas haciendas cafetaleras, las primeras, que son ruinas conservadas en las montañas del país, especialmente en Pinar del Río y Santiago de Cuba. El café cubano tiene una calidad de primera, a pesar de que su producción no es elevadísima, y se comercializa en el mundo a través de las marcas Hola, Cubita, Turquino, y otras.

Como si esto no bastara, me decidí a buscar toda clase de utensilios con los que preparar nuevos cafés –y mejores. Ahora preparo el famoso capuccino, el café bombón, el exquisito café belga que se endulza con merengue, y por supuesto, el cortadito y el expresso. Incluso me he esforzado en la decoración de la espuma –aunque no con muy grandes resultados. Sin embargo, nada como el placer de entrar en un buen café, ya entrada la noche, sentir el aroma apenas se abre la puerta, y beber más de una taza en compañía de un buen amigo.

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